una historia que contar…

La invitación llegó una mañana desde Bruselas.

Y consistía en asomarme a su mundo, a sus raíces, a los espacios familiares y de la infancia en un pequeño pueblo del norte de Francia, asomarme a su cotidianeidad, a su día a día en la pequeña ciudad alemana donde ahora vive y termina su formación de máster.

La propuesta era asomarme a su intimidad, a sus recuerdos, a su gente, a su hoy, a sus proyectos, sus inspiraciones y sus aspiraciones…

Ese mismo día mi desconocida compró los billetes de avión, y pum.

Lo que podía parecer un sueño han sido seis días en los que toda su familia se ha abierto y donde yo me he dedicado a captar instantes de su mundo, y estar en presente, como un espectador más de su vida.

No un simple espectador, pues he formado parte de esos días con ella.

Recién el viernes llegué del viaje, y me he pasado estos dos días aterrizando.

Hay mucho más que lo que pueda contar en unas pocas líneas. Hay mucho que hemos compartido. Ha habido conexión. Ha habido cosas que me traigo de ella, y cosas que ella se queda de mí. Hay un viaje juntos, un proceso y un proyecto conjuntos, que empiezan ahora, con las primeras imágenes producto de esta experiencia.

Y sobretodo, hay un descubrimiento de una forma de viajar, una evolución en una forma de mirar, unas ganas de continuar por este camino en el que lo experiencial y lo fotográfico se dan la mano.

Esta es la primera de las imágenes, y la única que mostraré de ella, mientras la historia se sigue tejiendo…

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