volver a mirar de frente

La fotografía es de ayer tarde, la colgué enseguida. Y sí, me tiene como medio absorto mirándola, así que he pensado, esto pide escritura.

Hay varios cositas que me llaman la atención, tanto de esta imagen en concreto, como del hecho de colgar bastantes autorretratos en muy pocos días en la red social donde me muestro a diario, facebook.

Algo que me sorprende es que hacerme varias veces autorretratos y colgar varios en pocos días es algo que no hacía desde aquellos tiempos de mi primer blog (en fotolog), cuando me situaba en adolescencia tardía, y necesitaba de una constante aprobación, y sí, me hacía muchas fotos (todavía no me atrevía a hacerle a los demás) y las colgaba sin parar, aquellas, como no, en las que me veía guapo, para (resumiendo mucho) que el mundo me devolviera cosas bonitas.

No diré que ha cambiado de la noche al día, porque al final, todo está más o menos diluido en nosotros, y nunca voy a dejar de ser ese niño al que llamaban gordo en el colegio, ni ese adolescente con los dientes torcidos y poco agraciado que nunca ligaba, ni aquel principio de adulto que tuvo fobia social. Eso queda, sólo que con el paso del tiempo se suman otras cosas, como el exponerme durante seis años en clases de teatro, como la formación en terapia gestalt, como afrontar mi homosexualidad, y que eso supusiera tantas renuncias, y también tantos encuentro, afrontarlo con la familia, y afrontar que me casaba con un chico, sí, con mi chico (dar un paso así a la vista de todos te hace crecer como dos o tres años en unas semanas) y ahora, últimamente, afrontar que lo que hacía a nivel laboral hasta ahora era más inercia y comodidad que pasión, y decidir, en los tiempos que corren, abandonar esa inercia y esa comodidad y meterme en un barco diferente, y apostar por aquello que me apasiona, que de cómodo y seguro no tiene nada.

Así que aquella necesidad al mostrarme, de gustar, es distinta. Tiene más ingredientes y es más madurita. No lo negaré, me veo guapo en esta foto. Pero ahora no necesito que hayan 29 personas que me lo digan, ni voy a entrar cada media hora a ver si alguien ha dicho algo, porque ahora a quien le gusta lo que ve es a mí.
Y eso se nota en la expresión, más relajada, la mirada más calma, el gesto menos forzado.

Sigue llamándome la atención el hecho de haber colgado varios autorretratos en nada, en dos o tres días. Como si quiera verlo o no, sí que hubiese una vuelta a aquellos tiempos adolescentes, donde quería reafirmarme. Insisto, seguro que hay una minidosis de todo aquello, pero no son los mismos los 32 de ahora que los 26 años de antes. Pareciera que facebook está más hecho para guardar las formas, pues puede verte mucha más gente, y que mostrarse tan de cerca pudiera parecer un ejercicio adolescente de fortalecimiento del ego que no vaya a tener muy buena prensa. Quizá es eso, quizá mostrarme es más una manera de reivindicar que esta ventana, y cualquier edad son buenas para decir, aquí estoy yo.

Y para acabar, si hay algo que me llama la atención, y seamos claros, me enamora de esta imagen, es ese mirar tan de frente. No recuerdo fotos tan de frente en todos los sentidos: mirada de frente, cuerpo de frente.

Me gusta porque siento que refleja la posición a la que estoy llegando, no sin esfuerzo. He pasado una temporada de muchos altibajos, movimiento. Estoy en una fase de cambio, donde he dejado cosas atrás y me sitúo ante una elección que como os decía, me ha sacado de la comodidad. Tras llegar al precipicio al final del suelo llano, y verme ante el salto, pues he tenido miedo, y he sentido el vértigo, han aparecido las dudas, me he hecho preguntas: vale la pena el salto, saltar tanto? y he decidido saltar, y bueno, como siempre… pues cuando uno va en una montaña rusa y llega al lugar más empinado, al principio mira de reojo, o ni mira, y yo siento que no me miraba del todo de frente, como ahora. Siento que he comenzado a posicionarme ante ese cambio, a mirarlo, y al mismo tiempo a verme a mí (me tenía algo abandonado). Y en ese mirarme he andado algo hacia adentro. Ahora ya voy sabiendo qué me gusta, qué falta, qué tengo que mimar más, y sobretodo, ahora ya sé que he elegido bien, que el camino no será fácil, ni cómodo, pero que es el que estaba esperando.

Y sobretodo, el que he elegido.

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