los recordatorios buenos

Miraba y remiraba esta fotografía hoy, me daba que iba a servirme de recordatorio. Y así va a ser.

Al principio del día, cada mañana cuando despertamos, estamos (si hemos descansado) todavía bastante limpios, bastante flexibles, bastante desnudos. Hemos podido dejar la “carga” del día anterior a un lado, la ropa a un lado, las “gafas” a un lado. Las que llevábamos puestas el día anterior. Y ahora toca elegir las de hoy, cómo mirar al mundo hoy. Tenemos ahí todo un repertorio, junto a la cama, el repertorio de gafas y miradas posible.

Todo depende de cuál escojamos.

Y a mí me gusta mucho la que escoge él, y me gusta aún más que es un tipo de gafas que sé que está junto a mi cama, y me gusta aún más que sé ponérmelas, cuando quiero. Y me gusta aún más que cuando me las pongo, me sientan bien. Muy bien.

Sólo que a veces si uno no se para un momento por las mañanas, realiza un par de respiraciones antes de levantarse de la cama, lo más cómodo es coger otro tipo de gafas. Si uno no se esfuerza un poco es más fácil seguir otro tipo de inercias.

A veces hacen falta los recordatorios.

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