el tiempo pasa

Un día Juan tuvo un sueño, crear una editorial de libros de crianza.

Entre los libros en los que pensaba para su editorial, estaba uno sobre lactancia. Lleno de fotos. Que no contaran lo de siempre.

Era diciembre de 2011, y yo ni conocía a Juan, ni conocía a Noelia ni a Carlos (los artífices de todo), aunque estaba a punto de conocerlos. Se estaba montando en el barrio un evento que tenía muy buena pinta: Ruzafa love KIDS. Yo estaba en paro. Y acababa de decidir que era el momento de comenzar a “lanzarme” desde el lado fotográfico. También quería conocer a gente, moverme más por el barrio… Hacer fotos para un evento así, cubrirlo como suele llamarse, era un doble reto, pues el público eran niños. Y yo pensaba que no sabría que hacer con ellos. Y a la vez tenía unas ganas enormes de mirarles con una cámara.

Esa semana fue mágica. Muy intensa. Después unas cosas traerían a las otras. Como suele pasar.

En febrero Carlos y Noelia me llamaban para plantearme una proposición “decente”. Resultaba que un editor amigo quería hacer un libro. Y habían pensado en mí.

Recuerdo la primera reunión con Juan, y el fin de semana previo que hice pasar a mi chico y a mi mejor amigo, que es fotógrafo, con mis dudas. Con si sería capaz, si podría responder a nivel técnico… etc. Aunque tenía algo muy claro: No podía decir que no.

Y allí que me presenté, con mis dudas por montera, y a la vez, la tranquilidad de haber decidido no esconderlas: “En realidad soy psicólogo”. (Juan lo flipaba). “Pero entonces no eres fotógrafo?” “Sí, a ver, hago fotos, pero no he trabajado aún como fotógrafo”… Y bla bla bla bla bla… la cuestión es que nos caímos bien, y al final todo se resumió en una pregunta: “Tu plantéate y dime sólo si te ves capaz de hacer el libro”. Y entonces, lo vi claro, y así se lo expresé: Sí me veía capaz. Lo demás eran ruidos llamados miedo, que iría resolviendo. Pero era un sí bien grande.

A partir de ahí, vino aquella primera reunión con seis mamás, donde intenté explicarles el proyecto. Digo intenté pues recuerdo que de repente uno de los peques quiso teta y en unos momentos habían como cuatro peques tomando teta, y yo creía que ninguna mamá me estaba escuchando pero me escuchaban, y ahí comencé a conocer un poco lo que es la lactancia. Vinieron las primeras quedadas. Quedaba con cada mamá, que a su vez tenía sus particularidades, su momento, y estaba el peque, o peques, vamos, que como no, cada mamá era un mundo. Y entonces había que construir cada relación para llegar a ese punto de intimidad en la relación que con cada mamá fue distinto, como no. Unas cosas llevaban a las otras. A veces las fotos estaban el primer día, y a veces estaban el quinto. Sin darme mucha cuenta, estaba haciendo todo un máster en escucha.

Nueve meses después paríamos Lactancia.

El tiempo pasa y a veces no nos damos cuenta; sin embargo, con Lactancia sí me doy más cuenta… y es que cada vez que me reencuentro con una mamá… con una de esas 29 historias, veo “claramente” distintos a los peques, algo tan de cajón como que crezcan; sin embargo en mi imaginación parecen estar “congelados” en aquel momento y aquel otro, y se quedan grabados así. Aunque lo que realmente me “toca” es ver claramente distintas a las mamás. De repente parecen otras, y entonces tengo la sensación de que la lactancia no deja de ser una etapa muy potente e importante en sus vidas, pero que como todas, pasa. Las conocí a todas en ese momento y ahora simplemente ha pasado ese tiempo.

Una de las tareas de esta tarde era sentarme y escribir un poquito sobre mi experiencia con Lactancia para una publicación. Y como no tenía muy claro cuáles eran las preguntas, pues me he largado a escribir sobre lo que estaba presente, estas cosas del paso del tiempo y demás.

Aquí me da la sensación de ver a Juan hace tres años y no, es hace uno. Aquí Juan nos presentaba a Litera Libros. Y de paso se presentaba un poco él, que es lo que solemos hacer cuando presentamos nuestros proyectos. En dos minutos y medio entenderéis la suerte que tuve al cruzarme con ellos.

El tiempo pasa. A veces ni nos damos cuenta de lo rápido que lo hace. Sin embargo, ahí tenemos un libro donde conseguimos pararlo. Con Lactancia, tenemos la suerte de haber parado el tiempo para contar cosas.

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