el día después, o amor de ida y vuelta

Anoche me costó dormir.
No dejaban de venirme a la mente instantes. Sabía que “era hora” de descansar, pero me negaba a que acabase el día. Tampoco es que quisiera “aferrarme” y que no llegase el día después. Por experiencia, el día después llega siempre.

Aunque reconozco vivir las cosas intensamente, tengo la suerte, esto se va adquiriendo con la edad, de no quedarme enganchado a ellas.

Pero como todavía es pronto, y toca digerir aún, voy a otorgarme el derecho a sentarme y a sacarle el regustito… lo que en gestalt llamamos postcontacto, y de paso escribirlo, para que quede.

 

Tengo en la mesa de mi ordenador 97 papelitos (sí, claro que los he contado)
cada uno con un nombre y una foto elegida, y un papelito con un dibujo que me regaló un niño.

Tengo en el pasillo un nardo colocado en un jarrón con agua. Desde ayer, sé que la flor que huele mejor del mundo es el nardo, porque Belen me trajo una.

Tengo un montón de fotos preciosas de mi amigo Adolfo López (FANDI), a las que podré volver cuando quiera.

Tengo el correo electrónico de un chico alemán que estaba de vacaciones por Valencia, que me dió uno de los soponcios de la noche cuando me dijo que me compraba una fotografía.

 

Tengo el recuerdo (quizá es una alucinación) de otro de los casi soponcios, cuando un chico al que no conozco, que se presentó como profesor de una escuela de fotografía, me dijo que la clase de ayer había ido sobre mi trabajo, y me explicó la síntesis de lo que él había explicado a sus alumnos, seis de los cuales habían venido a la expo.

Tengo el recuerdo de Rodrigo, que ayer estaba malito y estuvo igualmente, tengo el recuerdo de pronunciar su nombre y quebrárseme la voz. Tengo el recuerdo de Noelia abrazándome por detrás, el de la sorpresa mayúscula, cuando vi entrar a una fotógrafa a la que admiro, a la que voy a decir ya amiga, Tatjana Schlör, tengo el recuerdo de chocarle la mano a Marc, y quedar con él para que me acompañe a hacer fotos durante el próximo Ruzafa love Kids. Tengo el recuerdo de mi amigo y poeta David Cebrián, que libreta en mano, iba escribiendo las sensaciones que le reportaban las imágenes.

Tengo el recuerdo de los abrazos, ayer abrazos muy muy fuertes, mezcla de querer soltar con ellos el nerviosismo, mezcla, de alegrarme mucho de que mucha gente importante en mi caminito, estuvieran. Ruzafa loves KIDS, Lactancia, Terapia Gestalt, de Castellón y Valencia, Teatro, Universitat Jaume I, Revista Bostezo, Hat Gallery, una pareja de recién casados a los que acompañé y otra a la que acompañaré el año que viene. Un chico con el que trabajé desde el enfoque de Autoconocimiento desde la Fotografía. Estuvo una representación de cada pasito que vengo dando.

Tengo muchos más recuerdos. Pero lo vamos a dejar aquí. Dentro.

 

Ah, eso sí. Tengo dos sensaciones a fuego.

La sensación (corregidme) de que pese a los nervios, pese a la excitación, estuve. Estuve significa que respiré lo que pasaba, estuve con los dos pies, y pude compartir lo que sentía, con la gente, y sobretodo, disfrutar lo que estaba ocurriendo.

Tengo una que me provoca una digestión maravillosa. Es una sensación de amor.

Amor de ida y vuelta.

 

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2 pensamientos en “el día después, o amor de ida y vuelta

  1. Pingback: el permiso de mirarnos | Jose Bravo

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