la mochila de viaje

Ha costado. No ha sido fácil, digamos. Abrir ese cajón donde andan acumuladas, desordenadas, sacarlas al comedor, darme un espacio y un tiempo para elegir las que quería depositar en el suelo, y ponerlas ahí delante.

Son representativas (la gran mayoría) de una parte del viaje, de esa adolescencia/juventud entre los diecimuchos y los veintitantos, excepto algunas de pequeñín rescatadas de las que hay en casa de mi mamá, y alguna nueva que se ha colado.

Una etapa compleja. Rica. De metamorfosis.

Iba a comenzar a desmigarla, pero me doy cuenta de que anda bastante indigesta en algunos sentidos. Recién las fotografías llevan un par de horas en el suelo, aireándose, recibiendo la luz.

Es pronto para digerir.

De esta adolescencia/juventud primera siento que queda poco hoy. O más bien, me cuesta ver qué queda hoy pues he andado tapándola, dejándola en sombras durante bastante tiempo. Sí reconozco una esencia que viene de niño, en la infancia hay menos tapado, es una etapa que me cuesta mucho menos digerir cuando tengo enfrente de mi.

En esta muestra están el antes y el después de mi vida.

Allá por los 22, 23… crisis y elección. El viaje que lo cambió todo. Las experiencias que lo cambiaron todo: El teatro. La gestalt. Mi primera relación con un chico. La salida de la inercia

Un movimiento que comenzó allí y que ya no ha parado.

Por aquel entonces me compré mi primera cámara digital. La foto del ojo en el centro está hecha con ella. Y a partir de entonces, la etapa más actual, la que viene desde los 26 a mis 34 años ha sido más compartida. Comencé un trabajo de expresión (y exposición) con la imagen y la biografía que no he abandonado hasta hoy (primero en fotolog, ahora en facebook y en este blog).

Vamos a dejarlo aquí. Noto que esto pide respirar. Ellas, yo.

El ejercicio de hoy, autoimpuesto y necesario, necesita su tiempo. Creía que llegaría a otro nivel de trabajo con ellas. Pero veo que el trabajo hoy era este, sacarlas, ponerlas enfrente de mi. Colocarme enfrente de ellas.

Pronto andaré acompañando, compartiendo con otras personas la similar aventura de asomarse a uno mismo. A su mochila de viaje. No podía ser menos.

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