cumplir años

Anoche cuando llegué a casa, antes de acostarme, pasé por mi pequeñito estudio para dejar la mochila con la cámara, y al encender la luz descubrí esta pared.

Y desde entonces estoy (ya lo estaba desde antes, pues cumplir años no me resulta indiferente, pero desde entonces especialmente) muy a flor de piel.

Os contaré medianamente por qué:

 

Hace ya ocho años conocí a este argentino una noche, en Buenos Aires.

Y bueno, he tenido que parar. No, creo que no me da ahora para explicar lo que sentí anoche al ver estos hilos tejiendo historias alrededor de esa frase, junto a un texto (que no veis, abajo) que decía:

“Todavía queda mucho hilo por anudar…

por muchos más momentos vividos y años cumplidos”

 

Sí, resulta que es mi cumpleaños hoy.

Los que me conocen saben que cumplir años me re-mueve, no a malas, para mi el movimiento siempre es sano, ahora, sí me hace re-colocarme, re-visitarme.

Siempre cumplo en agosto, es lo que tiene fijar las cosas en un calendario, aunque vengamos cumpliendo cada día. Y bueno, puestos a fijarlo me gusta cumplir en agosto, aunque parezca triste a veces. Agosto nunca fue un buen mes para los que quieren rodearse de gente en su cumpleaños.

Ahora, a la vez me gusta pues también fui siempre medio solitario (aunque no lo parezca) y agosto ha sido siempre un buen mes para los solitarios, un buen mes para vaciar, reflexionar y esperar al nuevo curso, en septiembre.

Uno al parar, se mira donde está ahora, mira hacia atrás para ver cómo han venido siendo los pasos hasta ahora, y mira hacia adelante, para ver como está el panorama de sueños e ilusiones…

Y claro, de un tiempo a esta parte resulta que esa frase que está en el centro de la pared escrita a tiza desde que entramos en esta casa hace siete años, es cada vez más mi lema.

Y no porque la vida no sea también para los cobardes. Yo siempre lo fui, y lo sigo siendo a diario, con muchas cositas, y me llevo bien con ese yo que se escondía, no quiero perderlo nunca, solo que he descubierto, y vengo practicando lo que significa ser valiente.

Donde valiente significa atreverse, dirigirse hacia los sueños de uno. Saltar aunque no sepas que suelo va a haber cuando aterrices, guiándote por la intuición, por el corazón, eso sí.

Es de valientes porque es arriesgado.

Uno cuando arriesga no controla. Ahora, sí puede confiar.

Y sí, hay vida para los cobardes, pues cada día lo somos también, pero la vida de los valientes siento que es de otro color, brilla, y al menos en mi caso, es la vida que cada día cuando me levanto, he decidido vivir.

Por todo, por todos los regalos que la vida, cuando decidí saltar, me viene dando.

Comenzando por mi amor, Rodrigo.

Y siguiendo por tantas otras historias bonitas, cotidianas, día a día.

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