Morir

Desde pequeño es mi tema: la muerte.

Desde muy pequeñito, cuando ya imaginaba la mía propia. Algo de lo que me costó años hablar porque era raro. Imaginar mi entierro. Seguramente por ello, la vez que más he llorado en mi vida fue con el final de Big Fish.

Vivir la muerte de manera tangencial; de pequeño la muerte es cuando acaba el verano, luego cuando se acababa una historia de amor o cuando los amigos dejaban de serlo.

Cuando empecé a atreverme a vivir experiencias intensas, me costaba el día después: el día después de un estreno de teatro, o de una de esos primeros viajes solo o con un desconocido, o de uno de esos primeros atreverme a dar un taller, cuando todo pasaba a ser recuerdo.

Me costaba poco iniciar y mucho acabar. Temía las despedidas, por las que siempre intenté pasar de puntillas.

De la muerte hubo un tiempo en que no podía ni oír hablar; una etapa muy ansiosa en la que fui hipocondríaco, sentía terror ante a la enfermedad, ante el cáncer en particular. Cada vez que iba al médico esperaba cualquier noticia…

Por suerte la vida me acercó a personas que me hablaron de ella. Recuerdo aquel capítulo en educación para la salud, Rafa Ballester debió ser la primera persona a la que escuché hablar de la muerte, después, desde entonces, una especie ya de curiosidad ha venido unida a la evitación… Estuve interesado en una asociación donde se acompañaba a personas en proceso, aunque nunca me atreví. hay algún libro en casa de Elisabeth Kubler-Ross por leer, tengo a personas cercanas trabajando en el ámbito…

Por suerte viví un proceso de formación como psicoterapeuta donde trabajamos muchos finales, y aprendí el significado del fincipio.

Por suerte apareció Mi vida sin mí, para marcarme.

Por suerte siento que cada vez estoy más cerca de experiencias cercanas a ella, siento, se, que es el reto de mi vida. Aprender a verla. Tenerla presente, pues morir es vivir. Son las dos caras de una misma moneda.

Aún así, sigue siendo mi gran tema.

Por eso te digo GRACIAS, Cesc Gay, por acercárnosla, por movilizarnos (y hasta diría por educarnos) con una peli tan real, tan bonita, tan tal cual. Porque necesitamos historias como esta, porque en esta sociedad que vive de espaldas a ella, necesitamos mirar a la muerte, para así, mirar del todo a la vida.

Salgo del cine con muchos suspiros dados, sereno, y con ganas.

Sí, con la curiosidad despertada por asomarme a ti, por trabajar mis miedos, y hasta con un proyecto en mente.

Buenas noches…

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